martes, 24 de junio de 2014

Mejorar las estadísticas en seguridad de los pacientes

En esta ocasión me honra con una magnífica, acertada y dura reflexión en el blog, el Dr. Carlos Fernández Herreruela (carlos.fernandezherreruela@aon.es), licenciado en medicina y cirugía en Madrid donde, en 1995 y después de un variado y multidisciplinar ejercicio asistencial, aterriza en el cargo de director médico de Aon liderando un equipo nacional de peritos médicos, abogados, economistas y administrativos centrados en diseñar, asesorar y prestar servicio a todas las instituciones sanitarias públicas y privadas clientes de este corredor de seguros. Desempeña, además, de manera perfecta y muy orgulloso el cargo de Secretario de la Junta Directiva de aEGRis.


Cuando me preguntan por las estadísticas y los resultados de la experiencia del aseguramiento de los servicios sanitarios públicos y privados me siento mal con mi profesión. Soy médico y, aunque desde hace casi 20 años trabajo en el mundo de los seguros, nunca he pensado que dejara de serlo. 

Como asistencial he desempeñado trabajos muy complicados e incluso, a veces, incómodos. No obstante, siempre he conseguido disfrutar profesional y personalmente  de ellos y darles el enfoque vocacional que como “galeno idealista” me ha movido siempre en mi ocupación, desde la elección de profesión hasta el modo en que trato los seguros de responsabilidad sanitaria.

Estoy convencido y, de momento lo seguiré estando, que un buen aseguramiento en Sanidad mejora la calidad. Muchos son los motivos a favor que se pueden esgrimir, como tantos en contra: trabajar con seguridad, sin miedo a las consecuencias económicas de mis inadvertidos, humanos y excusables errores mejora la relación con mis pacientes y el resultado de esa intervención; mientras que otros pudieran pensar que alejar las consecuencias de mis errores relaja en exceso mi cuota de auto responsabilidad y permite deslices más frecuentes.

La relación que defiendo no la inicia la simple existencia de seguro, sino la adecuación del mismo, el diseño más avanzado y maduro de un contrato de aseguramiento. En ese camino, la responsabilidad en el buen funcionamiento de las partes implicadas es el secreto para la cobertura perfecta y, si una de esas responsabilidades es la de encontrar un precio adecuado, no lo es menos la de informar bien al asegurador, la de pagar ágilmente las indemnizaciones (o no pagarlas cuando no se debe), la de reconstruir el prestigio del asegurado, diseñar planes de prevención y evitación de errores, la colaboración profesional entre las partes y, por último, la adecuada evaluación de los resultados. 


Es decir, desde mi visión, las estadísticas de siniestralidad sanitaria se elevan a un papel tan importante en la madurez de la gestión del riesgo transferido como la del establecimiento de un precio adecuado. Defiendo por tanto que tan caro es para una aseguradora, garantizar un riesgo para el que no hay prima suficiente, como prestar oídos, ojos o neuronas de cualquier especie a una estadística incierta, poco rigurosa o simplemente falsa. Y esto es muy importante, especialmente, en época de crisis económica como la que vivimos o acabamos de vivir.


Pues bien, retomando mi idea, un buen aseguramiento de la Responsabilidad Sanitaria ha de acompañarse siempre de una mejor calidad asistencial, y este convencimiento no tiene más refrendo que la propia experiencia. El KnowHow que decimos ahora en empresas multinacionales como la mía (antes se hablaba de viejos y de diablos y ahora con un simple y bárbaro “knowledge exchange” nos quedamos más tranquilos por más internacionales). Cierto que no es consecuencia única lo uno de lo otro ni lo primero suficiente ni necesario para lo segundo, pero influir,  influye. 

Además, empleando lenguaje pericial, las mismas con-causas de un buen aseguramiento lo son de una buena calidad asistencial; un sistema complejo de funcionamiento como lo es cualquier sistema sanitario, en el que tan importantes resultan las ruedas como la velocidad con que giran, como sus engranajes mutuos, depende de las partes, del todo y de sus múltiples conexiones. Ello resulta tan aplicable a la calidad como al aseguramiento y la relación de la calidad con la seguridad de los pacientes y de los profesionales (ambos pueden ser terceros beneficiarios en las pólizas de responsabilidad civil patrimonial sanitaria) es claramente indudable.



Trabajo convencido, por tanto, de que cada vez que consigo mejorar las primas, aumentar las coberturas, agilizar la respuesta de un asegurador o incrementar el nivel de información aportado por lo asegurados, estoy colaborando al crecimiento de la calidad asistencial y, por consecuencia, la seguridad de trabajadores y pacientes. Debemos convencernos también que lo mismo sucede cuando somos capaces de mejorar la calidad y perfección de las estadísticas. 

Esta moderna manera de mentira (como la han llamado algunos sociólogos) es la fotografía fundamental del escenario del riesgo sanitario, especialmente, en la sanidad pública. Los aseguradores no saben qué hacer sin estadísticas de siniestralidad. El problema es que, si bien las cifras no mienten, los mentirosos también usan cifras y las estadísticas se emplean para hundir y reflotar mercados. En este caso para buscar aseguramientos imposibles o difíciles de obtener por otra vía que no sea la de pagar un precio muy elevado por el riesgo. También son empleadas políticamente para enseñar una ficción como real mostrando campos de calidad y seguridad donde reina más azar y desconcierto que armonía. Todo ello perjudica enormemente a un adecuado aseguramiento y, a la postre, no les quepa duda, a la seguridad de sanitarios y pacientes. Hemos de ser tremendamente sinceros y transparentes para obtener una adecuada respuesta de quien va a convertirse en nuestro compañero de riesgo durante la vigencia de la póliza. Si el problema es que vivimos en el mundo de la medio verdad y en el mercado de las oportunidades y de lo aparente hemos de terminar con esa tendencia y dejar de usar la estadística para ocultar la verdad que no queremos reconocer.

Si se dan cuenta, hoy, después de más de veinte años de aseguramiento en sanidad y muchos de estrategias de seguridad de pacientes y estudios de calidad, no tenemos estadísticas ciertas uniformemente aceptadas y comparables entre sí que nos pudieran permitir elegir hospital, médico, comunidad autónoma o medio público-privado para una determinada enfermedad. Todo depende de para qué y cuándo se publiquen. Tendré muchos detractores por lo que acabo de afirmar, y más por lo que aún no he dicho, pero pienso que, en nuestro más profundo interior, todos estamos convencidos de ello.

En este estado de indefinición de resultados, si tengo que elegir y puedo hacerlo, con mi nivel de conocimiento actual como médico, corredor y perito de seguros, me decidiría antes por un sistema sanitario público o privado con un programa de seguros bueno, completo y sólido que por otro que no tenga ninguno (cosa que sólo ocurre en una administración pública), o que sea malo e insuficiente (como muchos que conozco en la privada). Y todo ello a la espera del día en que la estadística se emplee como de verdad se debería; para identificar la realidad. Mientras seguiré intentando mejorarlas y destacar la importancia de respetarlas en su integridad. Visto desde ese punto de vista, me puedo seguir sintiendo médico y de los que me gustan porque desde este mi trabajo puedo colaborar a que los sanitarios trabajen más seguros y los pacientes se curen mejor. 

¿Qué más puedo pedir?

domingo, 22 de junio de 2014

"Cuerpos y almas", un homenaje a mi padre

Oye, igual esta entrada no tiene mucho que ver con la seguridad de los pacientes. O sí. Pero el caso es que me apetece escribirla a la vez que recordar la figura de mi padre, médico humanista al que debo bastante de lo que he conseguido aunque él no lo haya podido "disfrutar".

Tetuán, hace muchos años, sexto de bachiller. Entonces quería cursar una licenciatura de matemáticas. Mi padre era hombre parco en palabras a la par que prolijo en gestos, símbolos, significativos silencios.



Mis dos hermanos mayores estudiaban ya medicina en Granada. 

- Toma hijo, igual este libro te gusta. Léelo y lo comentamos.

Me entrega un libro "ya usado" titulado "cuerpos y almas". Su autor un escritor francés M. Van der Meersch. Su breve sinopsis: un joven médico francés comienza a ejercer en la década de 1930. Ha roto con su padre, prestigioso clínico, al casarse con una joven pobre y enferma de tuberculosis a la que había tratado como paciente, en lugar de pactar un matrimonio ventajoso. Debido a esto tiene serios problemas para abrirse paso en el mundo profesional y, aunque está satisfecho de su elección y de trabajar entre gente pobre, el precio a pagar es duro en términos económicos (gana poco) y de prestigio (es denostado entre los compañeros). 

La obra, Gran Premio de la Academia Francesa en 1943, año de su publicación, es la más conocida y traducida del autor (1907-1951). Y sin embargo ha tenido escasa resonancia pese a tratarse de uno de los mayores ejemplos de la corriente naturalista francesa de la primera mitad del siglo XX. 



El autor con una escritura lastimosa recorre con maestría la rudeza y brusquedad de las intervenciones quirúrgicas, que le da pie para establecer un acertado paralelismo con las desalmadas reacciones de los protagonistas médicos que, en ocasiones, llega a definir como a criminales. Al principio de la novela, uno (bachiller entonces) se enfrenta a una escena grotesca entre estudiantes en una clase de anatomía, en la sala de disección,  arrojándose, como broma, un “hueso al que estaban adheridos jirones de carne humana” y la sórdida descripción de una de esas disecciones:

"Cogió el escalpelo y se acercó a un cadáver desmenuzado ya en sus tres cuartas partes, tendido delante de él sobre un mesa de mármol. Todos los músculos habían sido disecados. Aquello no era más un montón de carne vinosa con grandes huesos amarillentos ensartados con largas y blancas hebras fibrosas, parecidas a cordeles. Tillery, con gran minuciosidad, acababa de poner al desnudo los tendones del antebrazo y arrancaba pequeños trozos de carne medio putrefacta con los cuales hacía una bola y los tiraba, como un carnicero, en un cubo que tenía debajo de la mesa. También los otros habían reanudado su disección y, con el cigarrillo en los labios, hacían bromas subidas de tono y soltaban palabras asaz obscenas. Reacción instintiva de una juventud bruitalmente sumergida en la dura verdad de la condición humana y en los cuales la grosería y el sacrílego desparpajo no revelan sin duda más que un desesperado afán de curtirse a toda costa el corazón. Seteuil tenía entre manos un pedazo de carne que llevaba aún adheridos la epidermis y el pelo. Escarbaba en el interior y lo volvía de un lado y de otro."

En el libro se describen amigdalectomías e intervenciones de pólipos en cirugía infantil, todas muy sangrantes, sin anestesia por falta de medios; se relatan interrupciones de embarazos y cesáreas que terminan convirtiéndose en escenas más propias de mataderos efectuadas por profesionales no preparados o deteriorados físicamente y no aptos para esas actuaciones; se prescriben recetas de fármacos por motivos comerciales de manera irresponsable (esto me resulta familiar!). 

En otras ocasiones aparecen en la novela doctores que escapan por las ventanas cuando un evento adverso grave y evitable ha ocurrido (inesperada muerte del paciente por imprudencia), pero no sin que antes hubiesen cobrado los emolumentos por su trabajo o la magistral descripción de escenas en las que se engañaba a familiares de pacientes fallecidos por malpraxis simulando que los cuerpos estaban durmiendo para evitar la certidumbre de que habían muerto durante la intervención.

Estas muertes entonces, pero ahora casi en la misma medida, resultaban una lacra para la carrera profesional del facultativo y no existían escrúpulos para tratar de sortear esa indeseada situación de disminución de la reputación. Escasez o inexistencia de recursos pero sobre todo una completa ausencia de humanismo es una constante en la novela que se desarrolla en un ambiente muy sórdido y decadente.

Un libro sobre el mundo médico en Francia de mediados del siglo XX, pero sobre todo, una historia contada desde diferentes puntos de vista de la dureza de la práctica médica de una época determinada. 

Llama la atención observar cómo, de todos los personajes, sólo dos poseen verdadera vocación, investigan y estudian, coartando un desarrollo adecuado de sus carreras y hasta sus vidas personales. Estos médicos vocacionales subsistían con subvenciones y salarios ínfimos, condenados al ostracismo por parte del resto de sus colegas, que no lograban entender que de todos los caminos posibles en la medicina (ser profesores de universidad, abrir consultas privadas o dedicarse a la política) hubiesen elegido el camino del esfuerzo, del sufrimiento, de la humildad y la miseria.

Uno de los debates éticos más importantes que nos acerca la novela es el de la elección entre el poder y la influencia u optar por una existencia humilde pero digna, en la que se mantiene la integridad profesional. Doutreval encarna al médico escrupuloso y aséptico, que cree que en medicina “el fin justifica los medios”, si esto significa salvar a una mayor cantidad de personas. Sin embargo, también asistimos a otros personajes en el que los intereses y vanidad personal son preferentes siendo estos los únicos objetivos que persiguen. 

Si Van der Meersch siguiese vivo se daría cuenta del fracaso de sus predicciones, pues el personaje Domberlé esperaba un futuro muy diferente para la medicina, menos basado en el alivio de los síntomas y más centrado en un cambio en los hábitos de vida. Muchísimos años más tarde, seguimos en el mismo punto, una excesiva medicalización de la vida. Domberlé curaba a sus paciente, desahuciados de otras clínicas, mediante una sana alimentación y ejercicio al aire libre y funcionaba. Cierto es que los medicamentos son útiles, nos alivian y nos curan. Pero también simbolizan el camino más fácil ante la enfermedad.

Impresiona ver como médicos con prestigio, como Géraudin, que pasa de ser un cirujano competente a una persona asustada por su notoriedad y el deterioro de la misma ante el paso del tiempo; como en casi cualquier profesión, la edad hace a las personas más sabias y expertas pero al mismo tiempo más vulnerables y limitadas. 

En resumen, pacientes y sus enfermedades constituyen fuente de ganancias o de resignación; médicos que, en su mayoría, buscan medrar y prosperar en la maraña político-directiva y de favoritismo entre los “jefes” y “residentes”. La época que se recrea de la medicina dibuja profesionales que pelean como carroñeros por el prestigio como objetivo fundamental. ¿Os suena?

Dos años después comencé a estudiar medicina en la facultad de Granada. 

Como mi memoria dista mucho de ser relevante, he releído el libro durante estos días. ¿Lo conocéis vosotros? Es muy recomendable.

viernes, 20 de junio de 2014

¿Una seguridad a prueba de innovaciones?

Hoy iniciamos las colaboraciones en el blog de referentes y expertos en materia de seguridad de los pacientes provenientes de diferentes disciplinas. Creo que con estas aportaciones enriquecemos la disciplina y ampliamos el punto de vista que ofrecemos a los lectores e interesados.  El Sr. Xosé Manuel Meijome es un verdadero líder en las redes sociales; bloguero convencido y reconocido (http://cuadernillosanitario.blogspot.com.es/) ofrece una visión fresca y objetiva de la cuestión, una mirada próxima a los pacientes desde su privilegiada posición de enfermer@. El título de la entrada dice mucho. Y no defrauda. Muchas gracias 

Si de algo podemos tener certeza es que en el futuro la prestación de atención sanitaria no será igual que hasta ahora…

Y es de desear que así sea porque lo que tengo claro es que un estancamiento del desarrollo de nuevas tecnologías o en la adopción de las que se muestran eficaces y eficientes representa la perpetuación de unos riesgos que los usuarios no deben asumir.

Me llamo Xosé Manuel Meijome, soy enfermer@ y trabajo en quirófano de un hospital de segundo nivel de la sanidad pública de Castilla y León; me preocupan los temas de gestión de riesgos y seguridad del paciente antes de que supiera que así se llamaban, he empleado algún tiempo en formarme respecto a ello y aunque no me considero un experto, agradezco la ocasión de comentar los aspectos que me llaman la atención.

También me declaro escépticamente apasionado por la tecnología y por las grandes posibilidades que nos proporciona.

Y las experiencias[i] nos van demostrando que ambos temas (seguridad y TIC) están íntimamente ligados, tanto para lo bueno como para lo malo. Así la incorporación de la historia clínica electrónica (HCE) nos alerta de potenciales errores e interacciones en tratamientos farmacológicos, pero reduce la necesaria comunicación interprofesional; asesora con la mejor evidencia en la toma de decisiones clínicas, pero las interminables pantallas llenas de casillas a marcar se convierten en una trampa cognitiva inevitable…

Los nuevos avances en las TIC representan oportunidades enormes para el sistema sanitario[ii] pero no se deben obviar los riesgos inherentes a que en su conceptualización y desarrollo no estemos presentes los profesionales o que la información de los riesgos y barreras detectados durante las pruebas permanezca opaca a los propios profesionales.

Para ilustrar este aspecto les sugiero un ejercicio práctico; imaginemos (y seguramente ya estará en algún proyecto) que el siguiente paso en los sistemas de prescripción electrónica es la incorporación de las órdenes verbales. Las ventajas de dicho sistema serían importantes pues se cubrirían momentos en los que actualmente la prescripción entra en terrenos pantanosos y poco definidos (un médico de guardia localizada, por ejemplo), aportando respaldo legal además de las ventajas de las alertas ‘inteligentes’ que un sistema de prescripción electrónica ya posee o debería poseer.

Pero ¿y el análisis de riesgos? Las herramientas de Análisis Modal de Fallos y Efectos (AMFE)[iii] nos proporcionan el marco adecuado para ese trabajo pero no suelen acompañar a la documentación de desarrollo de los proyectos y, lo peor, de existir no es común que los realicen profesionales “de trinchera” sino consultores posiblemente más expertos en la herramienta que en el medio de trabajo.

Sin embargo los propios sistemas de prescripción electrónica “escrita” son incorporados o comprados sin que parezca que se realice un AMFE a nivel local ni se incluya dicho análisis entre la documentación a aportar por los licitadores cuando menos un informe de los cambios realizados tras los períodos de prueba a cuyos anuncios estamos tan acostumbrados.

Si además entra en juego el verdadero centro de la atención sanitaria (el paciente) la necesidad de calibrar las consecuencias de lo que se dice que el sistema hace se disparan.

Pongamos otro ejemplo; supongamos que se incorpora a la historia clínica electrónica la posibilidad de que el informe de alta sea un ejecutable o visor que contenga además de los documentos obligatorios[iv], información en “formato amigable” como un video informe y recursos complementarios, como enlaces a webs o a aplicaciones móviles seleccionados por los profesionales. ¿No sería lógico que dicha innovación fuera valorada desde el punto de vista de seguridad por los propios destinatarios de la misma? Después de todo, no es lo que les decimos, es lo que comprenden[v] lo que acabará repercutiendo en los resultados de dicha iniciativa y créanme, un informe de alta mal entendido es un riesgo muy alto.

Otro aspecto clave en el que es absolutamente necesaria la incorporación de los pacientes es en la generación de zonas de dialogo para que, junto con las organizaciones y los profesionales implicados en los eventos adversos, se puedan analizar las circunstancias de los mismos desde la óptica del aprendizaje para la mejora. Esto se hace imprescindible en un sistema tan complejo como el nuestro en el que la superposición e incomunicación entre los niveles de atención confunde factores causales y barreras fallidas.

La investigación de los aspectos de seguridad del paciente necesita una aproximación multidisciplinar y orientada al conjunto del sistema usando las herramientas que la metodología científica pone a nuestro alcance pero sin olvidar que no todo puede ser (éticamente) sometido a un ensayo clínico[vi] ni se puede dejar de lado la investigación cualitativa o la “literatura gris” en un tema que tiene tanto que ver con lo organizativo y con las actitudes y hábitos de los individuos.

El entorno no ha hecho más que comenzar a cambiar porque a las tecnologías que hasta ahora conocíamos (tecnologías de la industria sanitaria) se ha incorporado un aluvión de nuevas formas de obtener y manejar la información y, tanto profesionales como pacientes, nos encontramos en nuevos espacios donde el desequilibrio de conocimiento que caracteriza a la atención sanitaria se torna confuso, pues la excesiva facilidad para informarse se confunde con la capacidad de relacionar esa información con los datos de cada persona y con los hallazgos que sólo el clínico puede obtener gracias a su aprendizaje y experiencia.

Los nuevos modelos de negocio de algunos sectores tratan de explorar esa delgada línea ofreciendo la posibilidad de que las personas lleven registros personales y permanentes de parámetros considerados hasta ahora “de uso clínico” pero con una peligrosa tendencia a confundir registro con monitorización (tanto como confundir el uso de un pulsímetro para correr con una prueba de esfuerzo, por poner un ejemplo). Ignoro si los algoritmos de decisión de esos aplicativos han superado análisis proactivos de seguridad, pero si sé que se conocen ya algunos incidentes que deberían hacernos pensar en la oportunidad que representan.

Para terminar agradecer a José María Ruiz Ortega su amable invitación a este “guest blogging” que espero tenga continuidad con otros profesionales y temas del aún desconocido mundo de la gestión de riesgos.



Xosé Manuel Meijome
Enfermer@


[1] Car J, Black A, Anandan C, Cresswell K, Pagliari C, McKinstry B, et al. The impact of eHealth on the quality and safety of healthcare. A Systemic Overview & Synthesis of the Literature Report for the NHS Connecting for Health Evaluation Programme [Internet]. 2008 [citado 18 de junio de 2014]; Recuperado a partir de: http://www.researchgate.net/publication/221045581_The_Impact_of_eHealth_on_the_Quality_and_Safety_of_Healthcare/file/9fcfd50b5f085ce05c.pdf

[2] Sensmeier, Joyce MS The clear and present potential of health IT Nursing Management:November 2013 - Volume 44 - Issue 11 - p 1-2,16 doi: 10.1097/01.NUMA.0000437592.81803.15 [Internet]. [citado 18 de junio de 2014]; Recuperado a partir de: http://journals.lww.com/nursingmanagement/Fulltext/2013/11001/The_clear_and_present_potential_of_health_IT.1.aspx

[3] Análisis modal de fallos y efectos [Internet]. Wikipedia, la enciclopedia libre. 2014 [citado 18 de junio de 2014]. Recuperado a partir de: http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=An%C3%A1lisis_modal_de_fallos_y_efectos&oldid=73686851

[4] Real Decreto 1093/2010, de 3 de septiembre, por el que se aprueba el conjunto mínimo de datos de los informes clínicos en el Sistema Nacional de Salud http://www.boe.es/boe/dias/2010/09/16/pdfs/BOE-A-2010-14199.pdf

[5] Meijome Sánchez X. M. Cuadernillo d@ enferme(i)r@: No es lo que les decimos Es lo que comprenden [Internet]. [citado 18 de junio de 2014]. Recuperado a partir de: http://cuadernillosanitario.blogspot.com.es/2014/04/no-es-lo-que-les-decimos-es-lo-que.html

[6] Smith GCS, Pell JP. Parachute use to prevent death and major trauma related to gravitational challenge: systematic review of randomised controlled trials. BMJ [Internet]. 20 de diciembre de 2003 [citado 18 de junio de 2014];327(7429):1459-61. Recuperado a partir de: http://www.bmj.com/content/327/7429/1459.abstract

jueves, 19 de junio de 2014

Pensando en los pacientes (1)

A partir de finales de los años 80 y, sobre todo, durante la década de los 90, comenzamos a darnos cuenta que los hospitales y centros de atención primaria eran espacios "no seguros" para los pacientes que allí iban o se derivaban para obtener la curación. Un cada vez más elevado conocimiento de la existencia de errores sanitarios, muchos de ellos evitables, por parte de políticos, directivos, profesionales, ciudadanos así como de pacientes y sus familiares, conforman un estado de opinión que hace crecer una disciplina, hasta entonces latente, cual es la seguridad de los pacientes. 

Desde entonces este interés por la materia ha tomado cuerpo, se ha ido moldeando, ha crecido de manera importante hasta convertirse hoy en día en una ciencia con un cuerpo ya consolidado de conocimientos y con una trayectoria conferida por la experiencia que va lograr, si no lo está realizando ya, modificar los cimientos sobre los que se asienta nuestro sistema de salud (los sistemas de salud, en general). Su impulso y desarrollo definitivo a nivel internacional lo propicia la Organización Mundial de la Salud a través de su "Alianza Mundial para la seguridad del paciente" por todos conocida. Sin embargo, sus estrategias y resultados o son aún desconocidos por muchos o no han dado los frutos deseados y proyectados. Muchas, dispares y variopintas han sido las estrategias llevadas a cabo por los diferentes países en el marco de la seguridad de los pacientes y, sin embargo, los retos a alcanzar raramente se han conseguido. 

¿Es posible que este déficit de resultados alcanzados sea consecuencia de la falta de homogeneización de la propia disciplina y de su conocimiento por parte de aquellos que tienen que ejecutar los programas para hacer efectiva la seguridad de los pacientes? 

Es más que probable. Desde estas líneas vamos intentar llevar al lector a un conocimiento más cercano sobre lo que queremos decir cuando hablamos de esta doctrina técnica y su aplicación práctica. Desde esta entrada y otras que iremos desbrozando, intentaré clarificar aspectos, ideas, conocimientos e, incluso, sentimientos que deben conformar la materia. 

¿Cómo empezar? Quizás la mejor manera de hacerlo sea definiendo la seguridad de los pacientes. Podemos afirmar, sin temor a errar (y ese es el problema) que es una disciplina integrada en el campo de las ciencias de la salud que aplica métodos de los saberes de seguridad con el objetivo de lograr un sistema más fiable para los pacientes en la prestación de servicios sanitarios. Tampoco me equivoco (¿o sí?) si afirmamos que la seguridad de los pacientes es un atributo, propiedad o cualidad de los sistemas proveedores de salud que pretende reducir al mínimo la incidencia y el impacto de los eventos adversos y posibilita la mejor y más pronta recuperación de este tipo de incidentes o accidentes cuando ocurren. 

La existencia de la seguridad de los pacientes se justifica por el elevado número de incidentes, accidentes y/o eventos adversos que ocurren (será importante definir estos y otros términos para que todos hablemos el mismo lenguaje), la naturaleza de los mismos, su impacto en términos de salud en los pacientes (primeras víctimas), familiares (víctimas "sin numerar"), profesionales (segundas víctimas) y otro tipo de efectos en las instituciones u organizaciones (¿"terceras víctimas"?) donde se producen (económicos, reputación, etc) y la capacidad más o menos rápida y atinada de atenuar o recuperar ese impacto en los pacientes y familiares, en los propios profesionales y en las instituciones dónde se materializan. 


Lo que no alberga duda es que los centros sanitarios son lugares dónde los pacientes que acuden se ven sometidos a asistencias que implican riesgos que ellos no conocen, la mayor parte de las veces, y que pueden materializarse en daño, lesión, discapacidad y sufrimiento en función de la afectación, vulnerabilidad y la existencia de errores y/o fallos en el sistema de salud; esta concreción puede ser evitada en más de la mitad de las ocasiones que acontecen. 

¿Cómo paliar cuando no evitar que estos riesgos se transformen en efectos adversos? A través de la disciplina que denominamos seguridad de los pacientes. En próximas entradas iremos desbrozando esta apasionante materia haciendo especial referencia a la existencia de espacios comunes dónde pueden y deben interaccionar los diferentes actores del sistema: políticos, directivos, profesionales, pacientes, familiares y ciudadanos.

Finalmente anunciar que este blog se abre a las opiniones más que cualificadas de profesionales expertos en seguridad de los pacientes, referentes nacionales y en las redes sociales, con el propósito de incrementar el abanico de temas y opiniones maestras en el ámbito de la seguridad de los pacientes; en próximas entradas irán depositando ideas, reflexiones y opiniones en este humilde blog destacadas personalidades en la materia. A ellos gracias por su tiempo y su generosidad y, sobre todo, por su protagonismo en el impulso de la seguridad de los pacientes. 


lunes, 9 de junio de 2014

Choca esos cinco

Un apretón de manos es una forma de comunicación no verbal, en la que dos manos son aferradas una con la otra. Su propósito es demostrar buenas intenciones. Generalmente es considerado inapropiado el rechazar un apretón de manos y en la mayoría de los círculos sociales se espera que aquella persona con el mayor estatus social sea quien lo inicie. En Occidente se practica ese saludo al encontrarse y al despedirse o cuando se termina un acuerdo y suelen hacerse varias sacudidas. El apretón de manos es un vestigio que queda del hombre de las cavernas. Cuando dos cavernícolas se encontraban, levantaban los brazos con las palmas a la vista para demostrar que no escondían ninguna arma. Fue utilizado en su forma moderna por primera vez por los cuáqueros (RAE) ingleses en el siglo XVII. El resultado del apretón de manos es el que cada uno transmite al otro un sentimiento de respeto y de simpatía, de buena educación, confianza, calidez y honestidad. Por tanto se trata de una costumbre social arraigada en nuestra sociedad. 


En los últimos tiempos existe una corriente sanitaria avalada por algunos renombrados artículos (JAMA 15/5/2014) contra el apretón de manos por considerarse un vehículo de transmisión de patógenos. 


¿Son muchos los encuentros profesionales sanitarios y pacientes que se inician y acaban con un apretón de manos? No creo que en nuestro país, esta sea una costumbre arraigada en el ámbito hospitalario; quizás tiene alguna frecuencia más alta en las visitas que se desarrollan en centros de salud, pero tampoco es como para tirar cohetes. Se apela a la contaminación cruzada de las manos de los profesionales por parte de los pacientes como causa de transmisión de enfermedades e, incluso, como etiología de la cada vez mayor resistencia antibiótica. Que duda cabe que los apretones de manos pueden transmitir agentes microbianos. Está descrito desde hace mucho tiempo. 


¿Sustituimos, entonces, el apretón de manos por los gestos "Namaste" (asiáticos del sur), "Wai" (tailandeses) o el "Saalam" (árabe)? ¿O por el saludo maorí tradicional en Nueva Zelanda llamado "Hongi", consistente en poner nariz con nariz y aspirar el aire? ¿O quizás por el saludo 'kinuk' que se practica en otras regiones como Siberia o Alaska?



Las habilidades comunicativas son imprescindibles para establecer una relación médico-paciente satisfactoria. No es nada extraño encontrar en cualquier manual de entrevista médica una alusión al saludo al paciente: se realizará dando los buenos días, tardes o noches, según el horario en que se efectúe la entrevista; si se le agrega el estrechar la mano mejor aún, se hace más caluroso y afectivo el acto. 


Pedro Laín Entralgo (la relación médico-enfermo, Madrid, Alianza, 1983) considera que cuando se encuentran médico y paciente lo primero que hay es la mirada, y dentro de ella la primera instancia es para la cara y luego para el resto del cuerpo. Después viene la palabra, pero la mirada sigue presente. Finalmente el tacto confirma la realidad de lo que el paciente está viendo y oyendo ( el saludo con la mano, la palpación durante la exploración). Y continúa diciendo que, mientras la mirada del paciente es de petición de ayuda, de comprensión, la del médico debe ser inicialmente de acogida y posteriormente ya podrá ser objetivante, de investigación. En concepto de este autor, la palabra del médico se utiliza para convencer y cuando a esa palabra se le agrega afecto, sentimiento, se puede pensar en persuadir. 


Pensar en que si dejamos de saludar dando la mano a los pacientes hará posible la erradicación de las infecciones o que éstas disminuirán de manera notable si mantenemos esa precaución hasta la obsesión, es simplemente una quimera. Es correcto mantener determinadas medidas para evitar la transmisión de infecciones (fundamentalmente la higiene de manos), pero obsesionarse con ello no es más que otra patología. Una gran mayoría de pacientes desean una relación personal con su médico, que se ponga en evidencia a través de acciones tan simples y efectivas como el apretón de manos y el uso del nombre de pila por parte del profesional al momento del saludo.




Apretemos las manos de los pacientes como forma de saludo, despedida y confianza; no hagamos caso de las conductas quiméricas que ahondarán aún más la brecha existente entre pacientes y profesionales. Una buena higiene de manos será mucho más efectiva que esta recomendación de negar el saludo gestual a los pacientes. Choca esos cinco, pues.

miércoles, 4 de junio de 2014

Volver, volver

El otro día participé en Alicante en una mesa redonda sobre seguridad quirúrgica organizada por la Sociedad Española de Enfermería en Cirugía en el contexto de su 4º Congreso que llevaba por título "Humanización y Evidencia en los Cuidados". Felicitar a la organización @SEECIR por la calidad científica que allí transmitió (escuché parte de las sesiones ya que se emitió en directo). Una tremenda satisfacción personal poder conocer a algunas personas con las que compartes muchas ideas en la red, te mueven similares intereses profesionales y te caen simpáticos, aún sin conocerlos. Entre otros, al gran Xosé Manuel Meijome @EnferEvidente, un enorme profesional y un grandísimo defensor y creyente convencido de la seguridad del paciente. A la par, volver a coincidir en (lo que yo denomino) una gala, con mi amigo y admirado Profesor Jesús Aranaz, un verdadero referente en seguridad de los pacientes en España y a nivel internacional.

Y me he vuelto a interesar por este blog, absorto como estaba en mi quehacer diario (nada fácil) y en la desilusión que proporciona el compartir sin que creas percibir el más mínimo interés en lo que escribes. Me gustó la propensión hacia esta materia entre los asistentes aunque solo tratamos un aspecto parcial de la seguridad de los pacientes como fue su aplicación en el bloque quirúrgico. Hay campo abonado; hace falta insistir en proyectos, ideas, debates y conclusiones para impulsar la materia. Tanto más en estos días dónde parece verse amenazado su componente institucional fruto de una política marcada por directrices económicas. Nos quedan los profesionales. A ellos, a vosotros es a quién hay que dirigir cualquier esfuerzo orientado a aumentar el nivel de seguridad del paciente existente. Y evitar errores. Y daños prevenibles. Y en su caso, mitigarlos.

A cambio, y apriorísticamente, los pacientes depositan en nosotros confianza ilimitada en nuestro conocimiento, nuestras habilidades y capacidades. Intentemos al menos "no dañarlos", no someterlos al "fuego amigo" de nuestra atención y cuidados de salud. La falta de comunicación sigue siendo uno de los pilares en los que se sustenta la inseguridad con la que (mal)tratamos a nuestros pacientes. Es una de las causas principales de litigios y demandas contra los profesionales sanitarios por errores médicos. Y este déficit de relación interpersonal, en nuestro terreno, no queda solo en el marco del cabreo o de la retirada de palabra; va más allá, y mantiene el cuidado debido al paciente en un difícil equilibrio, en la cuerda floja que se puede romper en cualquier momento y provocar un evento adverso con daño que podía haber sido evitado. ¿Es posible protocolizar una buena comunicación en nuestros centros sanitarios? Claro que si; algunos países lo han intentado. A modo de ejemplo la JCAHO ha incluido la estandarización de la comunicación entre profesionales en los objetivos de seguridad del paciente.

Mucho se está escribiendo en revistas científicas sobre la materia en los últimos tiempos. Lo pueden revisar en la sección de facebook o twitter de este mismo blog y se refieren a la buena comunicación en los cambios de turnos o de guardias, transferencias de pacientes, interconsultas y comunicación de situaciones clínicas. El acrónimo SBAR cuya traducción española es SAER es una fórmula utilizada para mejorar la comunicación como proceso mental compartido entre profesionales que fomenta la seguridad de los pacientes: Situación, Antecedentes, Evaluación y Recomendación. Fácil, ¿no? La comunicación resultará más efectiva si se practica y reducirá aquellas pérdidas informativas de verdadera transcendencia para la salud y seguridad de nuestros pacientes. Cada conversación entre profesionales o su déficit tiene un tremendo impacto y eso debemos corregirlo.

Otra posibilidad es el diseño y puesta en marcha de listas de verificación para una adecuada comunicación entre profesionales en un área específica: cambios de turno, de guardia, traslados, altas hospitalarias, etc. Seguro que existen modelos ya implantados; en caso contrario, habrá que crearlos. La competencia profesional y la seguridad de los pacientes deben estar ancladas en la comunicación. La ideación de los procesos, el diseño de sistemas seguros, la administración de tecnologías de información, los controles, la actividad, en definitiva un correcto y productivo funcionamiento de una organización de salud se debe a una buena comunicación profesional. Para ser seguros se requiere ser comunicativos. Nos jugamos su salud.

Aquí estoy de nuevo. Luchando como siempre por la seguridad de los pacientes. Espero ser útil. Gracias. Nos leemos. Y, circunstancialmente, nos veremos. Así sea.